lunes, 21 de abril de 2014

Burros y caballos, remedios contra todos los males

 
 
Si nos remontamos a la Antigüedad clásica, los mitológicos centauros, con su anatomía entre humana y equina, fueron relacionados con la salud. El centauro Quirón, tutor de Aquiles, Jasón y Asclepio, y que reunía un temperamento salvaje junto a la amabilidad y bondad de un sabio, es considerado el abuelo de la medicina griega. Además, el caballo está representado en los relieves votivos del propio Asclepio, el dios de la medicina en la mitología griega. Si continuamos haciendo un recorrido por la historia de la terapéutica, se puede observar que especialmente los autores clásicos, pero también medievales y renacentistas, prestaron atención a los remedios basados en los equinos. Como botón de muestra se puede resaltar la obra de Pedacio Dioscórides Anazarbeo, que en el siglo I escribe "De Materia Medica". Según este autor, el cuajo de caballo es eficaz para flujos de vientre e intestinales, sus empeines —durezas en corvas y pezuñas— pulverizados y mezclados con vinagre curan la epilepsia y sus excrementos (también los del burro) frescos o quemados y mezclados con vinagre son útiles para detener hemorragias. Asimismo, describe remedios usando productos del asno; narra que sus excrementos ayudan en caso de picadura de escorpión, que su hígado asado comido, así como las pezuñas quemadas, diluidas y bebidas, son un buen remedio para los epilépticos, o que las pezuñas en aceite reducen escrófulas o inflamaciones de los ganglios linfáticos y curan sabañones si se espolvorean en ellos.
 
El sistema humoral ha sido el fundamento filosófico natural de las terapias desde la Antigüedad hasta el desarrollo de la biomedicina y constituye una de las claves de la medicina popular. Así, la medicina hipocrática, a través de la teoría humoral, explicaba la fisiología del organismo por el equilibrio de cuatro humores o líquidos: bilis negra (frío y seco), bilis (templado y seco), flema (frío y húmedo) y sangre (templado y húmedo). El exceso o defecto de estos humores, como consecuencia del régimen de vida, provocaría dolencias, trastornos o patologías que habría que contrarrestar para recuperar la salud. Por ello, la terapéutica humoral se basa en el tratamiento por contrarios, siguiendo el principio contraria contrariis curantur. Una enfermedad con una etiología basada en el calor, reconocida por enrojecimientos, sed, temperatura elevada o dolor abrasante (tales como quemaduras, erupciones, inflamaciones, estados febriles, estreñimiento o procesos repentinos), mejoraría mediante la aplicación de frío y, por consiguiente, utilizando medicamentos con este carácter. Por otra parte, las dolencias con etiología basada en el frío se reconocerían por síntomas en el individuo como temblar de frío, las manos y pies helados, heces blandas, dolor de articulaciones, tensión muscular o rigidez, que mejorarían con la aplicación de calor.
 
Además los humores se han asociado a las estaciones, los elementos, a cualidades y también al carácter. En este sentido, los estudios zoológicos de los siglos xvi y xvii son muy interesantes, pues recogen datos de autores clásicos, medievales y renacentistas y reflejan las características del periodo histórico en el que esta filosofía humoral se encontraba en pleno apogeo en toda Europa. Entre ellos cabe destacar las obras de Jerónimo Cortés y Francisco Vélez de Arciniega, quienes realizan comentarios sobre la complexión, carácter y naturaleza de los equinos. Así, Cortés en su Tratado de los animales terrestres y volátiles, y sus propiedades —editado en 1672— escribe sobre el burro, afirmando que es frío y húmedo. Por su parte, Vélez de Arciniega, en su Historia de los animales más recebidos en el uso de la Medicina (1613), comenta que, entre todas las leches, la de burra es la más húmeda y siguiendo a Galeno afirma que es el medicamento que con mayor seguridad purga en el tratamiento de enfermedades agudas. Por consiguiente, el burro (Equus africanus asinus Linnaeus, 1758) sería un animal flemático con el que se podrían tratar desórdenes con síntomas «secos y calientes». En cambio, el caballo (Equus ferus caballus Linnaeus, 1758), debido a su temperamento, tendría cualidades opuestas, lo cual queda justificado según Aristóteles y Galeno: «Entre los animales el que es más caliente es más activo».
 
El caballo sería un recurso zooterapéutico contrario al burro, acorde con la percepción que existe de ellos en el mundo rural, donde su caracterización tiene significados opuestos. Así, la del corcel, rocín o penco va ligada a la fuerza, la nobleza, la dignidad y el coraje, mientras que la caracterización del asno se apoya en la torpeza, la humildad, la testarudez y la docilidad. Curiosamente, el híbrido (Equus africanus x ferus) es rechazado por la etnomedicina española. Solamente hemos encontrado dos registros del uso de los excrementos de mulo o mula en la provincia de Cáceres.
 
En cuanto a los simbolismos y valoraciones presentes en las comunidades rurales, destaca el prestigio social y el estatus económico del caballo frente a la desconsideración social, comicidad y subordinación del burro. Por otra parte, el pensamiento mágico está presente en el uso de ciertos remedios; así, las yeguas, burros y caballos negros forman parte de la terapéutica popular para curar la tos ferina y afecciones osteoarticulares, así como aliviar odontalgias, dolores abdominales y las picaduras de alacrán. Este uso demuestra la ambivalencia del conocimiento tradicional. La sociedad española está llena de prejuicios en torno al color negro, asociado simbólicamente a la muerte o a la mala suerte; a pesar de lo cual, se asocian virtudes terapéuticas a estos animales. Del mismo modo, la magia de los números impares se observa en dos remedios contra la tos ferina. El tratamiento dura nueve días o se ha de implementar cierto ritual nueve veces. El número nueve tiene un importante valor mítico desde la Antigüedad. Ya Hipócrates, siguiendo a Pitágoras, determina la existencia de días críticos y le confiere un papel mágico al número. Asimismo, las caballerías forman parte de ritos de paso, como dar la vuelta a algo y marcharse sin volver la vista atrás o montar en ellas al revés, y se le imponen condiciones terapéuticas mágicas a sus remedios tales como su aplicación después de la medianoche.
 
Cabe destacar el empleo de remedios empíricos muy reputados como suplementos alimentarios para caso de desórdenes nutricionales, malnutrición o desnutrición. Serían recursos para abordar enfermedades endocrinas, nutricionales o metabólicas; sin embargo, en algunos casos la visión emic de la enfermedad asocia estos estados a la anemia. No obstante, el remedio usual coincide con el término etic: la anemia es tratada mediante el consumo regular de carne de caballo. Los productos animales utilizados en los remedios documentados son muy variados, hasta 10 categorías diferentes. Un 23 % de los remedios se basan en el uso de los excrementos, siguiendo en importancia el uso de la orina (14 %) y de las crines (12 %). Asimismo, hemos recogido un 23 % de remedios «mágicos» que, de una forma u otra, se basan en el «uso» del animal entero. Pero, desde una perspectiva simbólica, es más interesante destacar que si observamos cómo varían las frecuencias de uso de los diferentes recursos o productos teniendo en cuenta las dos especies, se aprecian diferencias.
 
En relación a los productos empleados, queremos también destacar aquí la importancia cultural de la leche de burra. En otro trabajo documentamos y analizamos los usos médicos tradicionales de este producto en España. En la cultura mediterránea esta leche tiene una gran importancia como alimento vital, lo cual se traduce simbólicamente en una panacea que ayuda en el mantenimiento de lo que Mariño Ferro (1985) llama la «vida del alma». Finalmente, destacaremos que los equinos han tenido una importancia muy relevante en la península ibérica desde el Paleolítico hasta nuestros días; por ello, la gran cantidad de remedios compilados en el presente trabajo contrasta con los escasos datos incluidos en la reciente revisión llevada a cabo por Ceríaco (2013) en Portugal. Según este autor, en el país vecino apenas la sangre de caballo se bebe para combatir la anemia, su manteca se aplica externamente para aliviar los dolores de cabeza, los excrementos de burro se emplean para detener hemorragias, nueve gotas de su sangre son mezcladas con vino para combatir el alcoholismo, o si un niño babea mucho, este debe besar a un burro.
 
 
Listado de remedios médicos populares españoles basados en el uso de las caballerías
 

Enfermedad tratada
Remedio (preparación y administración)
 
 
I.- Ciertas enfermedades infecciosas y parasitarias
 
Tuberculosis (tisis)
Cuando mataban un caballo, bebían su sangre caliente, acabado de degollar
Tos ferina
Montar en un burro de tres años, nueve veces, y pasar por debajo de él otras tantas
 
Antiguamente, a los niños con tos ferina los curaban de la siguiente forma: si era un varón el que estaba malo, se le daba a beber en un cacharro a una yegua un poco de agua, y la que le sobraba se filtraba por un trapo para que no llevase babas, y la tenía que beber el niño; cuando la que estaba mala era una niña, se hacía igual pero con el agua que le sobraba a un caballo
 
Para curar la tos ferina cogíamos las granzas de trigo que le sobraban de comer a una yegua negra, y hacíamos con ellas un cocimiento. El agua donde se hervían las granzas se les daba a beber a los niños hasta que curaban
 
Beber agua en la que hubiera abrevado un caballo negro
 
Beber agua durante nueve días de un pozal donde previamente había bebido un caballo
 
Agua en la que previamente se ha lavado una herradura de caballo
 
Se aliviaba bebiendo agua del pilón donde había bebido un caballo
 
El enfermo debía beber agua al final de un abrevadero donde en ese mismo instante estuviesen bebiendo al mismo tiempo varias caballerías
Erisipela
Se usan los polvos que salen al herrar el casco de las caballerías
Verrugas
Se la ata con una cerda de cola de caballo
 
Entre los tratamientos tópicos está el apretarlas, estrangulándolas con… una cerda de cola de caballo para que se desprendan
Verrugas
Ir a un ribazo, coger un hueso de las extremidades de una caballería, darle la vuelta y marcharse sin volver la vista atrás
 
... estrangulación con una cerda de caballo provocando una isquemia en su base
 
Se cortan amarrándoles una cerda de caballo. Caen solas
 
… se emplea una crin de caballo (para anudar la verruga e irla apretando día a día hasta conseguir que esta se seque y caiga), siendo preferibles los pertenecientes a los équidos que participaron en la procesión de la Encamisá
 
Hisopos con orina de yegua
 
Ligarlas por su base con una crin de caballo
Escabiosis (sarna)
Restregar la piel contra la crin de un caballo. La condición para que el remedio fuese eficaz era que se realizara después de la medianoche
 
II.- Tumores (neoplasias)
 
Cáncer (sin determinar)
… se consideraba que la alimentación con carne de caballo y, sobre todo, con solomillo era buena para combatirlo
Anemia (de tipo no especificado)
… se suele tomar carne de caballo. En Berganzo se recomienda comer un kilo de filetes de caballo a la semana
 
Comer con regularidad carne de caballo
 
Beber la sangre del hígado del caballo
 
III.- Enfermedades del sistema nervioso
 
Hemiplejía
Cuando se ve caer a una persona presa de un ataque de «perlesía» es bueno desalbardar inmediatamente un burro y colocar la albarda encima del paciente. Con solo esto y llevar luego al enfermo a la cama para que repose, se cree que sanará. Es circunstancia indispensable para la eficacia del remedio que la albarda se aplique antes de enfriarse, cuando todavía conserve el calor y el sudor de la bestia
 
IV.- Enfermedades del sistema circulatorio
 
Hemorroides
Llevar en el bolsillo cagajón desecado de mulo
 
V.- Enfermedades del sistema respiratorio
Resfriado común
Con carácter de magia imitativa, para facilitar la expectoración, curando así el catarro (...) beber agua donde haya bebido un caballo muy baboso
 
VI.- Enfermedades del sistema digestivo
 
Primera dentición
… para estimular el crecimiento de los dientes en los niños… colgarles al cuello amuletos consistentes en saquitos que contenían dientes… de caballo
Odontalgia
Para aliviar el dolor de muelas se daban friegas con orín de burro negro
Para conservar la dentición
Frotar los dientes con orina de caballo
Gastritis
Tomar orín de caballo o burro
Estreñimiento
Cocimiento de excremento de asno en tazas
 
VII.- Enfermedades de la piel y del tejido subcutáneo
 
Padrastros
Frotarse las cutículas cuando se oiga rebuznar un burro del que no se conozca el dueño
Alopecia
… trataban de impedir la calvicie aplicando agua cocida con cascos de caballo
 
Embadurnamientos con orina de burro en la que se han mezclado a partes iguales cenizas de testículos de gallo y de chepa de «marrajo» (gallipato)
Cuidado del cutis (eliminar arrugas)
Orina de burra… aplicar un número impar de lavatorios, recomendándose que el líquido se tome directamente con las manos cuando el cuadrúpedo miccione. En Mérida la orina asnal consigue mayores resultados si se mezcla a partes iguales con orina de mujer menstruante
 
VIII.- Enfermedades del sistema osteomuscular y del tejido conjuntivo
 
Mialgia
Dolores musculares… correa (cinturón) de piel de caballo curtida
Reumatismo
Ir a la cuadra con una sartén y esperar a que orinen las caballerías y luego con salvado caliente, se dan unas friegas
 
… se cocía saúco en aceite hirviendo y se mezclaba con estiércol de yegua, que tenía que ser recogido fuera de la cuadra; luego se colaba por un trapo y se realizaban las friegas con el líquido obtenido
Fortalecimiento de los huesos
Aplicar manteca de caballo y coñac batido
 
IX.- Embarazo, parto y puerperio
 
Expulsión de la placenta
Las boñigas de burro se han usado para ayudar a expulsar la placenta después del parto. Para ello se preparaba un cocimiento de boñigas de burro, después se filtraba y ese líquido se daba a la parturienta para que expulsara la placenta
 
Para favorecer la expulsión de la placenta, se hierven heces de burro y el líquido resultante se da a beber a las mujeres después del parto
Dolor abdominal
Beber cocimiento de excrementos de caballo
 
Antiguamente, para aliviar dolores fuertes de barriga o de estómago… se bebía el agua de cocer «cagajones de burro». En Jaraicejo se asegura que los cagajones habrían de ser de burro negro
Cólico
Aplicar excremento de burro
 
Beber un cocimiento de excrementos de mula
 
Antiguamente, para aliviar cólicos… se bebía el agua de cocer «cagajones de burro»
Heridas
La orina de burro, con solo tres aplicaciones, hace desaparecer el mínimo rastro de la cicatriz
Quemaduras
Aplicar polvos del hueso de la mano de un burro
 
… para que se regenerase la piel se cogía excremento seco del campo, de yegua o caballo, se freía en aceite y se le mezclaba un poco de manteca. Se colaba y se untaba un paño en dicho ungüento que luego se colocaba sobre la quemadura y se tenía allí cambiándolo cada tres horas
Quemaduras
Masajear la piel afectada con una solución alcohólica de huesos de burro calcinados
 
Huesos de burro son quemados (sin que llegaran a carbonizarse por completo) y se muelen hasta conseguir un polvo que se aplica sobre las quemaduras, como vulnerario
Sabañones
Freír en una sartén, con abundante aceite, trozos de cáscara de naranja mezclados con limaduras de pezuñas de caballo y, una vez frío, se aplica sobre los sabañones
Picaduras de insecto (no ponzoñoso)
Para evitar las picaduras de los «pínfanos» (mosquitos), quemar excrementos de burro
 
Para espantar insectos y evitar sus picaduras… quemar excrementos de burro
Picadura de escorpión (contra el efecto tóxico de su veneno)
… montar un asno al revés, es decir, con la cara mirando hacia la cola del animal al mismo tiempo que se le susurra al oído: «M’ha picat un escorpí» («me ha picado un escorpión»). El dolor ha de pasar de esta manera al asno
 
Pasar la zona de la picadura, frotando, por el escroto de un burro negro (no castrado)
Mordedura de perro
… se untaba la herida con grasa de caballo

 
Las caballerías en la etnomedicina española: remedios y simbolismos asociados: RAMÓN VALLEJO, José / ANTONIO GONZÁLEZ, José. Revista Folklore 3842014, pág. 41-56    

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